VIAJE SIN RETORNO
Santos y Mártires
✦ Memoria Histórica de Santos
San Damián en la Isla de la Morte de Molokai: La Mañana en Que el Sacerdote Dijo “Nosotros, los Leprosos”
Crónica histórica en tres capítulos sobre el desembarco en los acantilados de Kalaupapa en 1873, dieciséis años fabricando ataúdes y curando llagas a mano descubierta, y el sermón dominical que fundió al pastor con su rebaño
El 10 de mayo de 1873, el sacerdote flamenco de treinta y tres años Jozef De Veuster —el Padre Damián de los Sagrados Corazones— descendió a una barca entre el oleaje del Pacífico para pisar la península aislada de Kalaupapa, en la isla de Molokai, donde el reino de Hawái arrojaba a los enfermos de lepra sin médicos ni esperanza de retorno. Durante dieciséis años guardó sus guantes de lino en el bolsillo de la sotana para vendar úlceras con las manos desnudas, levantar capillas y enterrar a los muertos, hasta aquella noche de diciembre de 1884 en que metió los pies en agua hirviendo y descubrió que no sentía ningún dolor.
📖 Raíz Bíblica: Evangelio según San Marcos 1:41 • Evangelio según San Juan 15:13 • Evangelio según San Mateo 25:40
Nota Editorial y Teológica: Crónica biográfica fiel a las actas de canonización promulgadas por el Papa Benedicto XVI (11 de octubre de 2009), al epistolario original del Padre Damián con su hermano el Padre Pamphile, al diagnóstico clínico del Dr. Eduard Arning (1884) y a los testimonios de Joseph Dutton en Molokai. Todas las citas bíblicas provienen textualmente de la Biblia Católica de 73 libros.
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Capítulos de Esta Obra (3)
Capítulo 1
El Muelle de Roca de Kalaupapa y la Tierra Donde Nadie Enjugaba las Lágrimas
En la mañana del 10 de mayo de 1873, el vapor Kilauea deja al joven sacerdote belga al pie de los acantilados verticales de seiscientos metros de la península maldita de Kalaupapa; frente a ochocientos enfermos de lepra abandonados a la putrefacción, el Padre Damián guarda sus guantes de lino blanco en el bolsillo de la sotana para tocar la primera llaga con las manos desnudas.
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Capítulo 2
El Carpintero de Mil Ataúdes y la Prueba del Agua Hirviendo en la Noche de Diciembre
Durante once años levantando con sus manos desnudas la iglesia de Santa Filomena, tendiendo tuberías de agua dulce y clavando más de mil ataúdes de pino, el sacerdote fue juzgado desde lejos como un imprudente, hasta aquella noche fría de diciembre de 1884 en que metió los pies en una palangana de agua humeante y descubrió que no sentía ardor alguno.
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Capítulo 3
«Nosotros, los Leprosos» — El Testamento del Amor Llevado Hasta el Extremo
En una mañana de domingo en la iglesia de Santa Filomena, el sacerdote sube al púlpito de madera con el rostro ya inflamado por los tubérculos de la enfermedad y las manos desnudas marcadas por la lepra; en lugar de comenzar el sermón con el habitual «Hermanos míos», pronuncia las palabras que estremecieron al mundo —«Nosotros, los leprosos»—, transformando la isla de la muerte en santuario de resurrección.
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