Caminando Descalzos Entre Dos Muros de Agua y la Aurora de la Libertad
Entre dos muros de agua erguidos a derecha e izquierda como murallas de cristal oscuro, todo el pueblo de Israel cruzó el mar pisando tierra seca, antes de que la mirada del Señor en la vigilia de la mañana trabara las ruedas de los seiscientos carros egipcios y cerrara el abismo al amanecer.
DOS MUROS DE AGUA
Moisés extendió su brazo sobre el mar, y el Señor envió un fuerte viento del este que sopló durante toda la noche y partió el mar en dos. Así el Señor convirtió el mar en tierra seca. En el corazón profundo de la bahía de Pi-hahirot, una ancha calzada de arena compacta y roca marina se abrió de una orilla a la otra. A derecha e izquierda de aquel camino recién nacido, millones de toneladas de agua salada no se desplomaban: permanecían levantadas como dos murallas colosales de zafiro oscuro, reflejando el fulgor dorado de la columna de fuego.
Sin embargo, ver el camino abierto era una cosa; atreverse a poner el primer pie en el fondo del abismo, entre dos paredones líquidos que bramaban a decenas de metros de altura, exigía una fe radical. Los padres apretaban la mano de sus hijos pequeños; los ancianos apoyados en sus bastones dudaban al borde de la playa. Bastaría que aquellas paredes de agua cedieran un solo segundo para que nadie quedara con vida. Moisés tomó la delantera empuñando su cayado de Madián. Sus pies descalzos pisaron el lecho marino: no había fango movedizo, sino tierra firme y seca bajo el soplo ardiente del viento de Dios.
El Primer Paso en el Fondo del Abismo Entre Dos Muros de Agua
Los israelitas entraron en medio del mar pisando tierra seca. Miles, luego cientos de miles de personas bajaron en hilera por el corredor abierto en el abismo. La brisa húmeda y salobre que brotaba de las dos murallas de agua a su derecha y a su izquierda refrescaba el rostro de los antiguos esclavos. Los niños miraban maravillados las paredes translúcidas iluminadas por el fuego del cielo. Rebaños enteros de ovejas y bueyes avanzaban por el fondo del mar sin que una sola pezuña se hundiera en el barro.
Cuando el pueblo de Israel había superado ya más de la mitad de la travesía, la cortina de nube en la retaguardia se desplazó. Los egipcios vieron de golpe la calzada abierta en mitad de las aguas. En lugar de temer ante el poder soberano del Dios de Israel, la ceguera de la rabia y la soberbia arrastró al faraón y a sus generales. Espolearon los caballos y se lanzaron en su persecución. Todos los caballos del faraón, sus seiscientos carros escogidos y sus jinetes entraron mar adentro entre los dos muros de agua, haciendo retumbar el bronce de las ruedas en el fondo del abismo.
En la vigilia de la mañana —en las últimas horas antes de despuntar el alba—, el Señor miró desde la columna de fuego y de nube hacia el ejército de los egipcios y sembró el pánico en sus filas. Una sola mirada del Altísimo bastó para desbaratar a la mayor potencia militar de la tierra. Truenos y relámpagos rasgaron el cielo sobre los perseguidores, y el suelo bajo los carros egipcios se convirtió de repente en un lodazal pesado.
La Vigilia de la Mañana: Cuando la Mirada del Señor Traba las Ruedas de los Carros
El desastre cayó sobre la división acorazada del faraón. Las ruedas de bronce que antes volaban sobre la arena quedaron atascadas en el barro profundo, los ejes se partieron con chasquidos secos y los carros empezaron a volcar unos encima de otros. Los caballos espantados se encabritaban pisoteando a arqueros y aurigas. Los egipcios ya no podían avanzar ni dar media vuelta.
Presos del terror en el fondo del mar oscuro, los propios guerreros de élite del faraón gritaron unos a otros la confesión de su derrota: «¡Huyamos lejos de Israel, porque el Señor pelea por ellos contra los egipcios!» El cazador comprendía ahora que se había metido por su propio pie en la trampa del Omnipotente. Pero ya era demasiado tarde.
En ese mismo instante, la última familia de Israel y el último cordero del rebaño acababan de subir a la ribera oriental, pisando la arena segura de la península del Sinaí. Entonces el Señor dijo a Moisés: «Extiende tu brazo sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, contra sus carros y contra sus jinetes.»
Cuando el Cayado Se Alza por Segunda Vez y el Mar Se Cierra al Amanecer
De pie sobre el peñasco de la otra orilla, Moisés levantó una vez más su cayado de pastor y extendió la mano sobre el mar. En el momento exacto en que la primera claridad de la mañana asomaba por el horizonte, el viento del este dejó de soplar. Las dos murallas gigantescas de agua a derecha e izquierda temblaron y se desplomaron la una contra la otra con el estruendo de un mundo que se cierra.
Los egipcios intentaron huir en dirección contraria a la corriente, pero el Señor los precipitó en medio de las olas. Las aguas volvieron a su cauce habitual y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del faraón que había entrado en el mar detrás de Israel. Ni uno solo quedó con vida.
Del Paso del Mar Rojo a la Gracia del Santo Bautismo Católico
Cuando el sol de la mañana subió dorando la superficie serena del Mar Rojo, seiscientos mil israelitas contemplaron la orilla en un silencio sagrado. Los opresores que los habían azotado durante cuatro siglos habían desaparecido para siempre bajo las aguas. Como proclama la Iglesia Católica en cada Vigilia Pascual, aquel paso bajo la nube y a través del mar fue el primer Bautismo de la historia de la salvación: allí quedó sepultado el hombre viejo de la esclavitud del pecado, para que un pueblo nuevo saliera a la luz en la aurora de la libertad de los hijos de Dios.
“Moisés extendió su brazo sobre el mar, y el Señor envió un fuerte viento del este que sopló durante toda la noche y partió el mar en dos. Así el Señor convirtió el mar en tierra seca,”— Libro del Éxodo 14:21
Dios todopoderoso y eterno, que abriste el Mar Rojo para conducir a nuestros padres de la esclavitud de Egipto a la libertad de la tierra prometida y, por las aguas del Santo Bautismo, nos has hecho renacer como hijos de la luz. Concédenos no olvidar jamás las maravillas que has obrado en nuestra historia. Guía nuestros pasos a través de todas las travesías de esta vida hasta alcanzar la orilla eterna de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Preguntas Frecuentes Bíblicas e Históricas
¿Por qué la lectura de Éxodo 14 es obligatoria en la Vigilia Pascual de la Iglesia Católica?
¿A qué hora correspondía la 'vigilia de la mañana' mencionada en Éxodo 14,24?
¿Qué efecto espiritual produjo este milagro en el pueblo según Éxodo 14,31?
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